OpenAI sigue trabajando en su «super app» mientras un senior declara que el chat está muerto
La declaración es provocadora pero coherente con la dirección de la industria. El chat fue la primera interfaz viable para LLMs porque era familiar y no requería nuevos patrones de interacción. Pero es limitante: no permite workflows complejos, no persiste contexto entre sesiones de forma natural, y obliga al usuario a ser explícito en cada paso. Los agentes autónomos y las interfaces multimodales prometen resolver eso, pero todavía no hay un paradigma ganador.
La apuesta de OpenAI por una «super app» es riesgosa. Microsoft ya intentó algo similar con Copilot integrado en Office, y Google con Workspace + Gemini. Ambos tienen distribución masiva y ecosistemas establecidos. OpenAI tiene la ventaja de brand equity y de no estar atado a legacy code, pero carece de la infraestructura de colaboración y almacenamiento que hacen stickies a las suites corporativas. Si la super app es solo un ChatGPT con más botones, no va a desplazar a nadie.
El timing también es curioso: justo antes de salir a bolsa, OpenAI necesita mostrar que tiene un roadmap más allá de vender tokens a desarrolladores. Una super app es una narrativa atractiva para inversores, pero la ejecución es brutal. Slack, Notion, y Asana tardaron años en construir productos que la gente usa diariamente. OpenAI tiene que hacerlo mientras también entrena modelos, lidia con reguladores, y compite con gigantes que tienen 100x más recursos.