La unidad de IA de Meta es descrita como un «gulag» al borde de la revuelta
Meta pagó fortunas para fichar talento de IA y el resultado es una unidad que sus propios ingenieros comparan con una prisión. El dinero compra firmas en contratos, no convicción ni moral; y la moral es lo que produce buenos modelos.
El patrón de Zuckerberg se repite: reorganizaciones violentas, apuestas reversibles y mensajes contradictorios que dejan a 6.500 personas sin saber qué construyen ni por qué. Una estructura así sangra a la gente que más opciones tiene afuera.
Para LATAM y España la señal es clara: el talento de IA no se retiene con cheques sino con propósito. Las empresas que ofrezcan claridad de misión pueden capturar a quienes huyen de los gulags corporativos mejor financiados del planeta.